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Resumen

A medida que envejecemos, los órganos del cuerpo, incluyendo la piel, comienzan a funcionar con menos eficacia. Este proceso, programado por nuestro perfil genético, puede ser acelerado por el entorno y los malos hábitos.

25 años: primeros signos de envejecimiento cutáneo

Es bastante difícil de creer, pero a los 25 años nuestra piel comienza a envejecer. El ritmo de renovación celular se ralentiza y las células viejas se acumulan en la superficie. Como resultado, el tono de la piel adquiere un aspecto apagado y poco uniforme.

La actividad de las glándulas sebáceas también disminuye y esto causa una ralentización en la producción de sebo. Al contrario de lo que se podría pensar, ¡No es una buena noticia! La película hidrolipídica que impide que el agua se escape de nuestro organismo ya no cumple bien su función de barrera y la piel se deshidrata.

Mientras que algunas moléculas se producen en cantidades más pequeñas, los radicales libres aumentan, que son las moléculas químicas responsables del envejecimiento. Flacidez de la piel, pérdida de elasticidad y tono, arrugas...ponen de manifiesto los primeros signos del envejecimiento. Por último, las manchas también pueden aparecer en el rostro, dándole un aspecto menos regular.

Envejecimiento cutáneo: factores agravantes

Aunque el envejecimiento cutáneo siga un ritmo determinado por el organismo en función del perfil genético de cada uno (llamado reloj biológico personal), puede ser acelerado por diversos factores externos:

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