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Resumen

Reconciliarse con Morfeo

Por la noche tu piel está menos expuesta a las agresiones externas. Es cuando aprovecha para regenerarse. En estas pocas horas te renuevas entera:

¡Sudas más y eso es bueno! El agua no se evapora tan rápido como durante el día y contribuye hidratar bien la piel.

Tus células se renuevan a gran velocidad, con un pico alrededor de la 1 de la mañana.

La microcirculación incrementa, sobre todo entre las 23h y las 4 de la mañana, permitiendo que las células cutáneas estén particularmente bien oxigenadas y nutridas. Resultado: tu tono es más luminoso cuando te despiertas.

La producción de colágeno y elastina aumenta gracias a los picos de la hormona de crecimiento secretadas al principio de la noche. La piel recupera la firmeza y la flexibilidad.

Ahora comprendes por qué es tan importante dormir bien: sólo en estas condiciones le damos los medios a la piel para mantenerse joven y bonita durante mucho tiempo.

Adoptar horarios regulares

El número de horas de sueño que cada persona necesita para descansar varía según la persona, en una o dos horas más o menos. Para una misma persona tiende a disminuir a lo largo de los años. Determina tu ritmo ideal, por ejemplo mediante un diario de tu sueño donde anotas las horas a las que te acuestas y duermes (aproximada por supuesto), los insomnios que hayas podido tener y finalmente tu estado y humor al levantarte. Cuando hayas conseguido averiguar cuando te llega el sueño y el número de horas de sueño que necesitas, esfuérzate al máximo para mantener ese ritmo.

Cuida tu entorno

Si tienes dolor de espalda al despertarte, ¡probablemente es la hora de cambiar el colchón! Del mismo modo, la temperatura de tu dormitorio afecta al sueño. Idealmente debería estar alrededor de 19° C. Así que resiste la tentación de subir el termostato de la calefacción por encima de esta temperatura en invierno: el frescor favorece el sueño, mientras que el calor tiende a aumentar la actividad de nuestro organismo. Por último, evita la televisión, las tablets y los smartphones en tu habitación porque la luz que emiten bloquea la producción de melatonina, la hormona del sueño.

Prepárate bien

Dormir bien se prepara... durante todo el día. Airearse, hacer deporte (antes de las 19 horas), reducir o incluso no tomar café y té después de 14 horas, tomar cenas ligeras, dejar para el día siguiente conversaciones animadas, conflictivas o estresantes, son todos los hábitos a adoptar para preparase para una noche dulce.

Si sufres de trastornos del sueño, un plátano, un trozo de chocolate o un producto lácteo a las 17h son tus aliados. Estos alimentos contienen triptófano, un aminoácido que, una vez en el organismo, termina convirtiéndose en melatonina, la famosa hormona del sueño.

Cada uno tiene sus hábitos para pasar una noche dulce. Un buen baño y un buen libro o una música suave y un poco de aceite esencial de lavanda en la almohada y ¡los dulces sueños están garantizados!

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