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Lo sabemos: Cuando estamos estresados, tendemos a apretar los labios, fruncir el ceño y adoptar expresiones faciales que reflejan nuestro estado de ánimo. Al hacerlo, nuestra piel se ve obligada a doblarse repetidamente en los mismos surcos. Con el tiempo, ese surco se convierte en arruga, lo que nos da una mirada severa. Así que hay que tratar de relajar nuestra cara: nos damos un masaje facial y nos reímos delante del espejo para estimular todos los músculos faciales. Y por encima de todo, ¡hay que dejar de dramatizar!

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