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1. Adopta horarios regulares

Con el fin de equilibrar nuestro reloj biológico y 'adaptar' nuestros ritmos naturales del sueño, trata de ir a la cama y levantarte a la misma hora, y dormir entre 7 y 9 horas. Descubre la duración del sueño que más te convenga, por ejemplo, mediante un diario de tu sueño donde anotas las horas a las que te acuestas y duermes (aproximada por supuesto), los insomnios que hayas podido tener y finalmente tu estado y humor al levantarte. Si la falta de sueño no es bueno para la salud, dormir demasiado, incluso en el fin de semana, ¡tampoco se recomienda!

2. Reduce el café y el té después de las 14h

La cafeína y la teína se quedan activos en el cuerpo por un largo periodo de tiempo. Después de las 14h es mejor beber agua caliente con miel y limón. Vuelve a descubrir la tisana y sus propiedades relajantes. Tila, camomila, valeriana o melisa nos prepara para una noche buena y tranquila.

3. Cuida tu entorno

La calidad de tu cama contribuye a un mejor descanso.Si tienes dolor de espalda al despertarte, ¡probablemente es la hora de cambiar tu colchón! Del mismo modo, la temperatura de tu dormitorio afecta al sueño. Idealmente debería estar alrededor de 19 ° C. Así que resiste la tentación de subir el termostato de la calefacción por encima de esta temperatura en invierno: el frescor favorece el sueño, mientras que el calor tiende a aumentar la actividad de nuestro organismo.

Por último, es genial apagar todas las pantallas (televisión, tablets, smartphones ...) antes de ir a la cama, ya que emiten una luz que bloquea la producción de melatonina, la hormona del sueño.

4. Antes de dormir, busca la calma

Para distanciarte de la frenética actividad del día y prepararte para dormir bien, la noche debe ser un momento más tranquilo. Evitar cenas pesadas o deporte después de 19:00 tanto como sea posible.

Si sufres de problemas de sueño, un plátano, un cuadradito de chocolate o un producto lácteo a las 17:00 te ayudarán. Estos alimentos contienen triptófano, un aminoácido esencial que nuestro cuerpo no puede producir por sí mismo. Dentro del cuerpo, el triptófano se transforma en serotonina (un neurotransmisor), y luego en melatonina, la famosa hormona del sueño.

Por último todas estas prácticas ayudan a preparar una buena noche. Un buen baño y un buen libro o una música suave y un poco de aceite esencial de lavanda en la almohada y ¡los dulces sueños están garantizados!