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Resumen

Cuando el estrés se vuelve crónico, tiene efectos biológicos que afectan a la piel, acelerando significativamente el envejecimiento cutáneo: piel apagada, menor densidad, pérdida de elasticidad, aparición de arrugas , manchas, flacidez ...

El estrés y la circulación de la sangre

Cuando estás bajo estrés, la sangre se acumula en los órganos vitales para llevarles más energía y oxígeno y darle los medios para reaccionar rápidamente a la situación a la que hacer frente. Por otra lado, debido a que la piel no es un órgano vital, se encuentra menos regada y 'alimentada' por las células sanguíneas. Por ello, el tono de la piel se apaga y se regenera con menos facilidad.

El papel del cortisol

Cuando se produce una situación estresante, el cuerpo reacciona inmediatamente. Las glándulas suprarrenales comienzan a producir cortisol, una hormona que provoca la liberación de azúcares destinados para satisfacer las necesidades urgentes del organismo. Pero la producción de cortisol a largo plazo también causa inflamación cutánea que se manifiesta en la aparición de granos, líneas de expresión, arrugas y una piel más fina y apagada.

Otro daño colateral causado por la el cortisol : la disminución de la cantidad de colágeno producido por los fibroblastos. La piel pierde flexibilidad y las arrugas aparecen más rápidamente.

Por último, el cortisol inhibe la producción de melatonina, la hormona del sueño, lo que reduce significativamente la capacidad de la piel para regenerarse.

Los radicales libres

El estrés también contribuye al aumento de los radicales libres que, cuando se producen en exceso, atacan a las células sanas de la piel deteriorando sus membranas o alterando su ADN. Éstas se deterioran y mueren más rápidamente sin haber sido renovadas tan pronto como deberían. La piel se descuelga , aparecen arrugas y manchas.

El estrés y las arrugas de expresión

Puede que sintamos satisfacción hacia las patas de gallo arrugas que revelan que nos hemos reído mucho en nuestra vida, sin embargo esto no es así con la arruga del ceño o arrugas transversales de la frente, marcas muy visibles de nuestras preocupaciones. El estrés provoca que expresiones faciales, tales como fruncir el ceño, a fuerza de ser repetidas, marcan la piel con arrugas que hubieramos preferido evitar.

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