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Resumen

Equilibradas, suaves al tacto, flexibles, las pieles normales no tienen ningún problema en particular. Pero al igual que otros tipos de piel, están sujetas a un envejecimiento natural.

El envejecimiento de la piel

¿Sabías que las células de la piel se renuevan constantemente siguiendo un ritmo de 28 días de media? Fabricadas en la capa más profunda, migran a la superficie y, finalmente, se desprenden de la piel. Es este ciclo regular que ayuda a preservar el aspecto suave y tonificado de la piel.

El problema es que con la edad, este ciclo se prolonga en el tiempo. Las células más antiguas se acumulan en la superficie, dándole al tono un aspecto apagado. Por otro lado, la grasa debajo de la piel desaparece gradualmente, mientras que la producción de colágeno y elastina, moléculas que aseguran la elasticidad de la piel, disminuye. La producción de sebo, que ayuda a mantener la hidratación de la piel y su protección, se ralentiza gradualmente.

Cambios significativos en la piel

Con la edad, el aspecto aterciopelado de las pieles normales se atenúa poco a poco. Pierden espesor, sensibilidad y flexibilidad. Se debilitan y se deshidratan, parecen menos firmes, menos elásticas y tienden a tener marcas más rápidamente que la piel grasa.

Todos estos cambios pueden ser acelerados por factores ambientales y de comportamiento, tales como la exposición acumulativa a los rayos ultravioleta, la falta de sueño, una dieta desequilibrada y la mala gestión del estrés. Las buenas noticias: al actuar sobre estos factores, ¡podemos retrasar la aparición de signos de envejecimiento para mantenernos guapas por más tiempo!

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